27 FEBRERO 2015

© 2010 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2010
Localizacion
Lisboa (Portugal)
Soporte de imagen
-120 MM.- ACROS 100
Copiado máximo en soporte baritado
3
Fecha de diario
2015-02-27
Referencia
4344

DIGRESIÓN SEIS (3): Como la sombra que se va, Antonio Muñoz Molina. Me ha gustado todo, pero sin entrar a analizar su indudable calidad porque no soy escritor, ni crítico, ni siquiera entendido; su escritura ha conseguido crear una sinfonía de ecos en mis sentidos y en mi memoria que me ha mantenido en tensión a lo largo de toda la lectura. No obstante, literariamente, es prodigiosa la manera en la que ensambla las múltiples historias que se suceden en un juego afiligranado con el ritmo hechizante de una genial improvisación de jazz, donde su propio pasado, el de James Earl Ray, Martin Luther King, Lisboa, Menphis, Granada, Madrid, sus hijos, ella (Elvira) encajan con perfecta exactitud literaria en un inmenso palimpsesto existencial, en una historia múltiple que avanza entre la narración de hechos y el sentido de su íntima e intransferible intrahistoria. Antonio Muñoz Molina, se dirige el foco con sincera honestidad y muestra hechos y avatares de su vida necesarios, imprescindibles diría, porque dotan al relato de encarnadura, de textura existencial y literaria, al mismo tiempo que tienen que ver con la memoria, con la complejidad de la vida y con las secretas conexiones que guardan todas las cosas, todos los hechos, todas las fantasías, todos los sueños. La historia, también, está asaeteada de certeras reflexiones, esenciales y clarividentes, sobre el hecho de contar, de escribir, de novelar desde dentro hacia fuera y al revés. “Escribir es una tarea de frontera. Es ir avanzando de lo que no se sabe a lo que se sabe, no dibujar el mapa de un territorio sino explorarlo sin más ayuda que la sumaria orientación de los puntos cardinales. Las ideas previas no son más que el punto de partida. La linterna que alumbrará no mucho más allá de los pasos inmediatos solo se enciende en el acto mismo de escribir”, dice lúcidamente…    

Pepe Fuentes ·