8 ENERO 2016

© 2015 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2015
Localizacion
Berlín (Alemania)
Soporte de imagen
-35 MM- SFX 200 (800)
Fecha de diario
2016-01-08
Referencia
3339

DIGRESIÓN CUATRO. Los hermanos Karamázov. Fiódor Dostoyevski. Versión: José Luis Collado. Dirección y escenografía: Gerardo Vera. Producción: Centro Dramático Nacional. Intérpretes: Juan Echanove, Oscar de la Fuente, Fernando Gil, Markos Marín, Chema Ruiz, Marta Poveda, Lucía Quintana. Tres de enero, domingo por la tarde. Tres horas de intenso espectáculo teatral. Un escenario amplio, oscuro, austero, bellamente iluminado. Comienzan a aparecer los actores que intervienen en los primeros momentos de la representación y la atención queda atrapada, fascinada, por su poderosa gestualidad y sus torrenciales palabras. Poco después, aparece el protagonista, el alma mater de la historia: Fiódor Karamázov (Juan Echanove) y, a partir de ese momento, la catarsis está servida. El resto de la obra no puedes apartar la mirada de cada uno de sus movimientos escénicos y de sus volcánicas, sinceras y desgarradoras palabras. Fiódor es un personaje íntegro, intachable, desde sus propios valores, naturalmente. No engaña a nadie, él es auténtico e insobornable. No hay culpa en él, no negocia, no cede, no compadece. Sabe que tras la muerte no hay nada y que solo la satisfacción de su carne puede dar sentido a su vida. Dice: “Se vive muy a gusto en este lodazal, chapoteando en este lodazal. No quiero ninguna salvación. No quiero ni veros” (a sus hijos). Los cuatro hermanos sí están dispuestos a negociar con la realidad y determinados valores; aunque eso sí, también muestran una personalidad arrolladora y dispuesta a lo necesario para conseguir sus propósitos. A lo largo del tiempo se ha señalado a la familia Karamázov como un nido inmundo de seres malignos, especialmente el padre, personaje inmoral y excesivo. A mí no me lo parecen, casi diría que todo lo contrario, porque son seres que aman la vida y son capaces de apurarla hasta la última gota. José Luis Collado, el autor de la versión teatral, opina algo parecido: “El alma de los Karamázov tiene mucho de podredumbre y de miseria, pero también de luz. Todos los hermanos tienen una cara oscura y otra luminosa, no son lo que a primera vista parecen”. Sin embargo, a Juan Echanove, tan excelente actor como buen hombre, le escandaliza el patriarca: “En casi todos los personajes malvados que he interpretado siempre he encontrado una ventanita de salvación. Fiódor no tiene salvación posible, es alguien esencialmente malo”. No creo que sea para tanto Juan, al fin y al cabo Fiódor solo confiesa valientemente sus pasiones, mientras que los demás, probablemente también tú, las reprimimos o nos las callamos, pero ahí están todas, en todos: la codicia, la lascivia, la venganza, el egoísmo, el ansia de dominio, la mezquindad ¡¡¡todas tan humanas!!! Y humanos somos todos. Tres horas de teatro puro, potente, desgarrador. Los actores están inmensos: dicen e interpretan los personajes creíble y apasionadamente. La puesta en escena es escueta, directa, esencial. Todos los recursos resultan impecables y altamente expresivos (música, iluminación, atrezo, diseño de escenario). Plásticamente soberbia. Qué inmensa maravilla meterte en una historia a través de la gestualidad, de la humanidad, de la carne de los actores. ¡¡¡Qué grande es el teatro!!!