27 MAYO 2016

© 2015 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2015
Localizacion
Berlín (Alemania)
Soporte de imagen
-120 MM- TMAX 100 (3200)
Fecha de diario
2016-05-27
Referencia
4580

DIGRESIÓN DOS: Le fils del’autre (El hijo del otro), Francia 2012. Directora: Lorraine Levy. Historia de Noam Fitoussi. Intérpretes: Emmanuelle Devos, Pascal Elbé, Jules Sitruk, Areen Omari. Hacía mucho tiempo que no veía una película tan bonita. Candorosa y sentimental hasta la emoción y la lágrima. Si algún día la humanidad tuviera que alegar el fondo bienintencionado del género (humano) ante un tribunal exigente, rencoroso, e incrédulo, como prueba debería aportar esta película. Relata una historia sencilla de entender pero de muy compleja solución: en una clínica de maternidad, inepta e irresponsable, cometen el error de intercambiar dos bebés, uno palestino, que se lo adjudican a unos judíos, y uno judío a unos palestinos. Ambas familias podrían ser normales, pero no, son gentes educadas, universitarios, y que ocupan puestos de relevancia en sus respectivas sociedades: los judíos, él, militar de alto rango y ella, médico; los palestinos, el padre, ingeniero y músico, aunque devenido en mecánico (para resaltar lo precario de la situación palestina, probablemente achacable a los judíos, pero tampoco se subraya esa aparente injusticia). Bueno, el caso es que el asunto se descubre cuando los niños tienen dieciocho años y ya son pequeños hombres muy prometedores: buenos estudiantes e inmejorables personas. Amables, simpáticos, respetuosos con sus padres y el estado de cosas, cariñosos. Fantásticos, los dos. La historia desarrolla la reacción de ambas familias, y especialmente la de los hijos, cuando se enteran. No parece haber solución ideal para un drama de dimensiones apocalípticas, una auténtica y conmovedora convulsión emocional, a la que hay que añadir el estado de guerra entre ambas comunidades. Sin embargo, el guión de Fitoussi, dirigido por la señora Levy, lo consigue. Ambas familias, presididas por el amor y la armonía paterno filial, ofrecen un insólito y fraternal despliegue con reacciones sobrias, maduras, compasivas que, para mayor lujo sentimental, resultan creíbles. Los chicos se tratan entre sí como si fueran hermanos y los padres llegan con naturalidad y unas poquitas lágrimas a asumir la situación y en vez de tener un hijo pasan a tener dos, el primero que no lo es, y el recién llegado, que sí lo es. Y todos tan contentos, padres e hijos. Relativizan atávicas exigencias de sangre, fronteras y hostilidades ancestrales para tratarse con respeto y llegar casi a ser dos familias en una. Es imposible mejor voluntad y resultado y mayor equilibrio emocional de unos seres humanos sobre la tierra. No sé si la señora Levy (de apellido judío) pretende mensajear soluciones humanistas para el conflicto judío palestino y, de paso, enviar un mensaje rebosante de buenos y civilizados sentimientos; o que sencillamente ella es así, bondadosa y crédula. Pero no todo en esta película es simplemente cremoso y burbujeante, no, porque también contiene un excelente ejercicio narrativo desplegado con naturalidad, ritmo y eficacia; por eso la película es más que estimable, por muy sentimentaloide que pueda parecer.