1 MAYO 2019

© 2019 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2019
Localizacion
El Alto. La Paz, (Bolivia)
Soporte de imagen
-35 MM- ILFORD SFX. 200 (800)
Fecha de diario
2019-05-01
Referencia
9054

PEQUEÑO VIAJE A LAS TIERRAS DEL INCA
Capítulo dos: Lago Titicaca, Copacabana (Bolivia),
seis de febrero, miércoles
VIII
“No tener tiempo para profundizar es, indudablemente, una limitación para cualquier observador. ¿Y si esa velocidad, esa misma ligereza, pudiera ser también una ventaja? Cuando nos resulta imposible una mirada exhaustiva y documentada sobre un lugar, solo nos queda el recurso poético de la inmediatez: mirarlo con el asombro radical de la primera vez. Con cierto grado de ignorancia y, por lo tanto, de avidez inaugural”. Andrés Neuman

El viejo microbús que nos llevaría a La Paz levantó airadas protestas de varios mochileros que también tenían billetes para ese viaje. La encargada de la compañía se lo dejó claro: -haced lo que queráis, viajar o no, otro autobús no habrá-. Se rindieron, no sin antes amenazar con que irían a la policía. La encargada ni les contestó. La protesta de los mochileros no tenía sentido ya que, a pesar de la incomodidad del microbús y la más que previsible lentitud del viaje, la ruta que seguiría nos ahorraba en torno a una hora. Ascendimos un puerto de media montaña a velocidad de tortuga. Una vez remontada la interminable cuesta, bajamos hasta San Pedro de Tikina donde tuvimos que abandonar el autobús para cruzar un estrecho de agua del lago Titicaca. Un vez superado el obstáculo continuamos viaje, despacio, muy despacio. Entramos en La Paz por el barrio de El Alto, creado hace tan solo treinta y cuatro años en el altiplano colindante. Densamente poblado. Avanzar por la gran avenida que nos llevaba al centro de La Paz resultó lento, con innumerables paradas. Supongo que es importante el modo de llegar a una gran ciudad, en este caso La Paz. A Neuman, por ejemplo, le llamó la atención el aeropuerto y los limpiabotas embozados; a mí, la tortuosa entrada por carretera atestada de coches, taxis colectivos, mercados y aglomeraciones de gente aparentemente azarosas, sin sentido o tal vez con todo el sentido del mundo. Los vehículos se agolpaban en las rotondas y conseguían pasar haciendo gala de una inconsciente osadía, pero pasaban; los coches se cruzaban apenas a cinco centímetros de distancia pero nunca se rozaban. Ni un solo claxon, nadie se enfadaba o impacientaba. Llegamos a la terminal a las cinco y media…

COROLARIO: No he viajado mucho pero en las ocasiones que lo he hecho a ciudades pertenecientes a ámbitos económicos aparentemente desfavorecidos: Marruecos, Egipto, Túnez, India y ahora Latinoamérica, la pericia en el manejo de vehículos y la educación cívica de los conductores está infinitamente más evolucionada que en el supuesto primer mundo.

Pepe Fuentes ·