2 ABRIL 2020

© 2020 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2020
Localizacion
Feria de arte Arco. Madrid (España)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD DELTA 3200 (6400)
Fecha de diario
2020-04-02
Referencia
7080

CRÓNICA DE UN DÍA FELIZ (ya era peligroso) EN DIEZ APUNTES
Veintinueve de Febrero de dos mil veinte (2)

Me gusta mucho el Arte Contemporáneo. Me encanta verlo. Mi escasa capacidad para entusiasmarme sube exponencialmente en la Feria. El estado de ánimo me recuerda a cuando de niño jugaba alocadamente con otros críos a cualquier cosa, sobre todo si implicaba movimiento, o a cuando, un poco más tarde, intentaba llamar la atención de las niñas que me gustaban. Y así con todas las cosas que me han ido encantado a lo largo del tiempo, que no han sido tantas y casi siempre las mismas.
A lo largo de los años, he venido haciendo una crónica de lo que he visto en cada una de las ediciones de la feria. Relatos en los que he intentado desentrañar los fundamentos, contenidos, esencias y secretos del Arte Contemporáneo. Nunca lo he conseguido significativamente. No está a mi alcance porque no tengo ni fundamentos ni estudios. Y, como tampoco gozo de criterios sui generis dado que soy un tipo poco inspirado y de escasa sustancia, llego expectante al acontecimiento anual, bastante sofocado, apurado y solo cabalgando sobre mi brioso voluntarismo. Tampoco está tan mal eso, me parece…
PS. Última hora del Coronavirus en mi vida: siento un miedo creciente, no tanto al contagio de los otros, sino a ellos mismos. Esa insensata sensación obedece a que no creo que ni yo ni los míos enfermemos (cómo nos iba a pasar eso a nosotros, no, no, ni mucho menos) y, sin embargo, sí siento que puedo sufrir agresiones de ellos, de los otros. Me asustan porque los percibo como seres hostiles por desesperados (tanto como yo), enemigos que me pueden hacer daño por nada, porque sí, porque yo soy igual que ellos; me verán y seguro que les dará por joderme porque soy presa fácil, un tipo indefenso al que se le puede patear hasta el alma. Antes de la crisis me sentía más o menos seguro en mi anonimato y diferencia. Los demás no eran como yo y estaban en sus cosas, inmersos en sus interesantes vidas y nunca se fijaban en mi callada existencia. Yo a lo mío, ellos a lo suyo, todos contentos. No hay mayor libertad que ser diferente, ni peor esclavitud que ser igual. Nadie se toma la molestia de explorar la diferencia ¡¡¡Qué innecesario esfuerzo!!! Y entonces vives tranquilo, a tu aire, y eso es realmente muy bueno.  Pero ahora, por mor de la puta pandemia, de pronto, todos somos idénticos, luego todos visibles. Hasta los chinos son iguales, y los americanos, y los holandeses, hasta los australianos son iguales a mí. Y mis vecinos también (esos son los más peligrosos porque están demasiado cerca). Todo el mundo es igual a todo el mundo. Espantosa distopía. Todos con mascarilla, todos recluidos, todos sospechosos, todos candidatos a morir mañana. Peor que la enfermedad es la visión de un mundo de seres clónicos. No hay un puñetero sitio donde camuflarse, donde esconderse del verdadero enemigo de los seres humanos: otros seres humanos.  Si todos somos iguales nos haremos daño, seguro.

Pepe Fuentes ·