17 MAYO 2024

© 2024 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2024
Localizacion
Carrión de los Condes (Palencia)
Soporte de imagen
DIGITAL (100)
Fecha de diario
2024-05-17
Referencia
10340

DIARIO DE VIAJE: al Norte.
“Uno mismo, ese es el gran asunto del viaje. Uno mismo, y nada más. O poco más”. Michel Onfray 
Segundo día, lunes, veintidós de abril de dos mil veinticuatro (5)

… De Villalcazar de Sirga, encantado con la sublime experiencia de la visita a la Catedral Templaria, continué viaje hacia Carrión de los Condes.
Después de comer me dirigí a Alar del Rey (53 km), pueblo donde se inicia el canal de Castilla. Paseé por el entorno y vi por fuera las dársenas de carga cerradas, aunque rehabilitadas. Las rodeé por fuera. Como no encontré nada más de interés decidí seguir viaje.
Tuve la sensación de que estaba imprimiendo un ritmo demasiado presuroso, pero me sentía razonablemente cómodo, sin tiempos muertos ni aburrimiento.
Al fin y al cabo, me dejaba llevar por lo que me iba encontrando en el discurrir de un lado para otro. También por mi estado de ánimo y lo que podía interesarme, como por ejemplo la visita que había realizado antes de comer.
Suelo acabar cansado en mis pequeños viajes de una semana, pero ni mucho menos por impotencia física (bueno, un poco sí), sino por tener que enfrentarme cada día a resolver lo que voy necesitando y a conjugar el silencio que me acompaña todas las horas del día y todos los días. Me resulta curiosa esta sensación porque no acierto a explicármela, es paradójica porque en el transcurso del hecho viajero no necesito a nadie, ni tampoco echo de menos a ninguna persona en concreto y tampoco deseo encontrarme con quien hablar; me molestaría porque no me interesa lo que alguien pueda decirme y mucho menos lo que yo pueda decir a esa persona porque eso ya me lo sé. Sin embargo, el silencio me pesa mucho y no tengo ni idea del porqué de semejante paradoja. Por cierto, es muy gracioso lo que observo últimamente en todos los casos: en cualquier establecimiento en el que requiero algo, con la persona con la que comienzo a hablar me llama de tú con naturalidad, y eso me pone muy contento (detesto que se dirijan a mí de usted); pero una vez que hemos cruzado cuatro palabras, todos, sin excepción, tengan la edad que tengan, comienzan a llamarme de usted, lo que me pone de muy mala leche y termino el trato fríamente lo antes posible (me siento tratado como un anormal al que hay que aislar de cualquier sentido de confianza y cordialidad). Me despierta sospecha esa sensación porque temo que sea porque necesito a los demás, debilidad de la que nada quiero saber. O, simplemente, que soy demasiado humano, que tampoco me interesa, preferiría ser un holograma.
De Alar hacia el Monasterio de San Andrés del Arroyo…
La Fotografía: Cuando llegué a Carrión de los Condes, eran más de las dos y me tocaba comer. Encontré un restaurante lleno, de gente de por allí, lo que me hizo pensar que me darían bien de comer. Pedí el menú del día (por cierto, con las camareras de ese restaurante me pasó lo mismo que he contado antes a propósito del dichoso usted). El primer plato (foto) resultó muy sabroso: patatas guisadas con bacalao, absolutamente exquisitas, una delicia, puro placer a pesar de la sencillez del guiso; el segundo bajó ostensiblemente de calidad: lengua con patatas fritas y una salsa excesivamente abundante y demasiado saturada. La dueña estaba estupenda, por cierto.

Pepe Fuentes ·