2 JUNIO 2024

© 2024 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2024
Localizacion
Centro Botín, Santander
Soporte de imagen
-DIGITAL 1250
Fecha de diario
2024-06-02
Referencia
10336

DIARIO DE VIAJE: al Norte.
“En un mundo sin Dios, el sentido del humor es casi una obligación moral”. Kafka
Tercer día, martes, veintitrés de abril de dos mil veinticuatro (1)

A las 7:40 de la mañana me encontraba tumbado boca arriba en la cama del Hotel Valentino, de Aguilar de Campoo, recuperándome de la depresión del final de la tarde anterior y de una noche de sueño largo y profundo.
Desayuné en la cafetería del Hotel (incluido en el precio de la habitación, 55 €). Me llamó poderosamente la atención que en esa cafetería éramos 30 hombres (ocho o diez eran imponentes moteros daneses), y ninguna mujer.
A la salida del hotel, en torno a las nueve de la mañana, la temperatura era de 3º y desapacible por viento. Pensé en visitar el castillo, que estaría cerrado, claro, como cualquier otro edificio singular, así que decidí continuar viaje. Me dije: mejor empleo esta hora muerta en acercarme a Santander. Eso hice.
A mitad del recorrido me tropecé con una desviación hacia La Colegiata de San Pedro de Cervatos (s XII), que tomé. Se encontraba cerrada, pero me entretuve en admirarla por su gran belleza románica, en buen estado, y con numerosos capiteles, canecillos y metopas con motivos sexuales (grandes falos). Fue una lástima no poder ver su interior.
Retomé la ruta, lloviendo ya.
Por el camino terminé de escuchar Mi año de descanso y relajación, de Ottesa Moshegh, escritora norteamericana tan absolutamente delirante, como interesante (no conocía a esta autora). En la última parte de su retiro de un año (antes se había cagado en el centro de la galería de arte en la que trabajaba), la protagonista de la novela duerme durante cuatro meses de febrero a junio, gracias a unos medicamentos que más bien eran drogas para perder el sentido (o ganarlo) que le prescribe una psiquiatra extraviada, pero locamente divertida.
Uno de los diálogos entre la paciente-protagonista y su perturbada psiquiatra: Psiquiatra: ¿Tu madre murió? Protagonista, Sí; Psiquiatra: ¿y como murió? Protagonista: -la maté yo-; Psiquiatra (con naturalidad y sin dar importancia a la confesión): ¿Te costó mucho hacerlo?… Los diálogos entre paciente y psiquiatra eran así, de esa loca naturaleza.
Durante los apoteósicos cuatro meses finales (los ocho meses anteriores los pasa casi todo el tiempo durmiendo y cuando despertaba sus observaciones sobre el mundo y sus gentes eran vitriólicas), llega a un acuerdo con un artista, no recuerdo si coreano o chino o japonés, para que mientras duerma realice una obra plástica sobre ella y su cuerpo dormido, sin su participación claro (estaba dormida); a cambio, el chino, le tenía que suministrar pizzas y lo necesario para su supervivencia. Dado que es una misántropa de vocación su círculo social se limitaba a tres o cuatro personas, a las que, de algún modo, también detestaba (sus necesidades sexuales las cubría con una especie de gigoló perfectamente imbécil). Creo que, finalmente, puede que esta mujer tan singular y maravillosa (eso me parecía) retomara una vida más o menos “normal” si es que eso era posible. La novela es original, muy resonante, brillante y con sentido del humor a raudales.
Lo primero que hice al llegar a Santander fue visitar la Catedral, siempre es lo primero que visito en las ciudades. La chica que vendía las entradas dijo que tendría que esperar a que terminara la misa porque los fieles y el cura podían distraerse. Me hice cargo de la situación comprensivamente. Mientras esperaba di varias vueltas en redondo por el claustro, tontamente.  La catedral no me pareció especial por nada. Es más, en los asuntos del culto (cura y creyentes), eran muy pesados porque una vez que la misa terminó se fueron todos a un lateral a seguir con sus cosas, siempre las mismas, por cierto (rezar y cantar).
Luego, lloviznando, me abrí paso a través del tópico norteño (lluvia), con la bahía de fondo. Me dirigí al Centro Botín, sobre el que me había creado muy altas expectativas y estaba al lado, pero de eso hablaré mañana…
La Fotografía: Obra contemporánea y conceptual expuesta en el Centro Botín (la única que me gustó); sin concepto era tan solo una gran ocurrencia, construida con un ventilador, un libro grande de hojas en blanco y electricidad (para el ventilador). Al concepto no lo vi por ningún lado, por lo que entendí que tenía que conceptuarlo yo mismo. No me apeteció en ese momento porque estaba a otra cosa. Para mayor orientación sobre el evento artístico, me remito a la cita de introducción.

Pepe Fuentes ·