DIARIO DEL ESPANTO 7
“La madrugada es el momento ideal, cuando te despiertas temprano tienes el estado de espíritu necesario. En soledad puedes entregarte a ese misterioso salto al vacío. Has entendido el principio, el vuelo consiste en crear una tensión y en resolverla en cada momento. Si esa resolución no provoca placer, no es una resolución, te hundes al instante”. Amélie Nothomb
Martes, catorce de abril de dos mil veintiséis
Hasta ayer sabía porqué escribía, pero ahora, a las seis de la mañana, ya no lo sé. El oscurecimiento ha sucedido a las cinco de la madrugada, cuando me he despertado y he pasado cuarenta y cinco minutos en blanco, en la cama, a oscuras, sin saber si levantarme o no; y si me levantaba qué haría; o más bien qué desearía hacer. No he vislumbrado la respuesta.
Mi cuerpo todavía se mueve luego algo tendrás qué hacer, me he dicho.
Me preguntaba si el mundo te percibe, sí, la gente en general, a la que conoces y a la que no, cuando ya estás muerto, aunque vayas de un lado para otro. El mundo no quiere saber nada de los agonizantes, aunque no lo digan y tan solo reaccionen.
Cómo lo saben. No tengo ni idea, pero lo saben. La premuerte es como la lepra que se pega al cuerpo y lo descompone a ojos vista y eso sí se ve. Todo el mundo se aleja de los leprosos, no solo por temor al contagio, sino porque dan asco y huelen mal.
A las seis de la madrugada, de noche todavía, me he sentado en mi cheslón de escribir y he buscado la cita de Nothomb, en Psicopompo. Como ella dice, menos mal que a algunos nos queda la escritura, el vertiginoso salto al vacío, solo que a mí no me produce placer sino una especie de sedación que también me sirve como paliativo; porque no me hundo al instante ya que el hundimiento es un proceso lento pero infalible.
La Fotografía: A pesar de haber leído la novela hace nada, como me cuesta concentrarme y llegar al fondo de los significados de lo que leo, he retomado la sinopsis y he buscado matices, analogías con lo que me viene pasando, especialmente esta madrugada, que no es casualidad, si no un síntoma serio y persistente. Al parecer “los psicopompos son criaturas, espíritus, ángeles o deidades cuya misión es escoltar a las almas recién fallecidas de la tierra al más allá. Por mi parte añadiría que, más bien, sería el tránsito justo antes de la muerte orgánica, física, ese intervalo en el que existes, pero no como un vivo, sino tan solo estando sin estar. Los animales que han sido considerados como psicopompos: perros, gatos, chacales, buitres y algunos más; pero entre todos, es el perro (especialmente negro) una de las figuras más significadas. Este perro fue mío (y de Naty), durante el año dos mil, se llamaba Ker, y, curiosamente, en la mitología griega son espíritus femeninos que personifican la muerte violenta, la destrucción y la fatalidad. Cumplió con el destino que le tenía reservado su nombre en un lamentable accidente por mi culpa (se me escapó, no supe cuidarlo), y lo he lamentado desde entonces. Quizá me haya perdonado y me esté esperando para ayudarme ahora como mi Psicopompo.