LOS DÍAS 4 (2026)
“… El Madrid es la lógica subvertida, arrasada, todo puesto del revés para volver a empezar. Son los piratas aferrados a la quilla y ser de cualquier otro equipo es acabar colgado del palo mayor en alta mar y esto os lo dice uno que es del Barça. No les tengáis envidia. No les tengáis rabia. Hay que saber llevar estar en el lado equivocado de la Historia sin negar la obviedad. Sólo temed. El temor es una forma de esperanza. Si temes el castigo es que esperas que gane el bien…”. Salvador Sostres, (Solo temed, El Madrid es el plan de Dios en la Tierra, ABC, febrero 2023)
Jueves, dieciséis de abril de dos mil veintiséis
Anoche tocó fútbol y derrota que nos supo a victoria porque fue grandiosa. Por el día, solo lumbago y trabajo de mantenimiento de las dichosas bases de datos: fotos y citas (miles en ambas nomenclaturas), que es el sustento de este diario y de un tipo al que le falta el talento para improvisar en cada instante de la vida ¡qué más quisiera yo! Ser capaz de vivir impremeditadamente y tener contenido para cada segundo. Entonces, el nacer habría tenido algún sentido.
Pero no, que va, laboro y laboro infatigablemente, y menos mal que es ese mi destino porque así me voy distrayendo de mi insustancial estancia en el mundo.
Estoy convencido de que Dios me asiste, aunque no crea en Él por pura lógica: es imposible que viva, no ha aportado ni una sola prueba que acredite su existencia, porque a mí, aunque no me dio inteligencia, me lo compensó con algo de suerte, perseverancia e instinto de supervivencia. Estoy más o menos contento. Quizá no haya que creer en la entelequia a la que llamamos Dios, pero sí en un cierto equilibrio de orden estético y sobrenatural que privilegie a los buenos.
Naty vino a casa a las siete y media (me tenía que ayudar en cuestiones digitales en las que ella va rápido y yo lento); pero el motivo principal era conjurarnos, junto con mi amigo Ángel, madridistas los tres, para unir nuestros sortilegios y sacar al Madrid del atolladero de una eliminatoria de la Champions que venía torcida desde el primer partido. El de anoche era el segundo y definitivo para salvar lo aparentemente insalvable. Teníamos fe en nuestro equipo, siempre la tenemos, aunque luego las cosas salgan como a ellas les da la gana.
Ángel llegó a las veinte cuarenta, todavía faltaban veinte minutos y treinta segundos para un gran estallido de euforia de los tres, mis dos colegas “chamanes” y yo. Vino pertrechado de las provisiones necesarias para la ceremonia de consagración de los buenos augurios: gambas y pizza, cerveceras ambas; yo puse: aceitunas, patatas fritas, las cervezas y el vino; y del toque femenino y glamuroso se encargó Naty. No nos disfrazamos con camisetas ni nada impropio de nuestro gran estilo, exquisito también.
A los veintinueve segundos ya ganábamos uno cero y la eliminatoria venturosamente empatada, no sé si gracias a nuestra fe o a Neuer, el portero contrario, y a Arda Güller, más bien a esto último me parece; pero el milagro nos lo apropiamos y lo celebramos con ingenuo pero estruendoso jolgorio (es lo que tiene el fútbol, que te saca de lo corriente de tu vida para instalarte en la excepcional y feliz extravagancia, pero para eso hay que elegir bien el equipo que transforme una cosa en otra). Estábamos seguros de nuestro triunfo porque habíamos invocado a once aguerridos piratas (Sostres) dispuestos a arrasar el barco enemigo en su propio puente de mando.
Y vinieron goles, de unos y otros, todos en el primer tiempo, mientras dábamos buena cuenta de la sabrosa cena y disfrutábamos de nuestra euforia (apostábamos por la gesta). En el descanso bajamos a la cocina a por postres y bebidas espirituosas, celebrando ya la indudable victoria que sucedería en el segundo tiempo, creíamos (en ese momento íbamos empatados en la eliminatoria que habíamos empezado como perdedores). En el segundo tiempo, la realidad del juego fue acallando nuestro incontenible optimismo, y en los tres últimos minutos, todo se fue a la mierda. Como visionarios de la fatalidad que somos, lo temíamos. Una vez más se había dado cita la grandeza de los que pierden con honor. En el cómputo final, nos ganaron por dos goles. Pero la derrota fue a lo grande, como todo en lo que interviene nuestro equipo que hasta en las derrotas es memorable.
La Fotografía: Un balón, recreación artística expuesta en la edición de Arco de 2025, y que seguramente lo fotografíe para celebrar en este diario una victoria épica del Madrid; pero solo falló en mi profético propósito un pequeño detalle: en vez de victoria fue derrota, pero eso, seguramente carece de importancia porque la vida, como todo el mundo sabe, está en otra parte.