COLECCIÓN DE MISCELÁNEAS 112 y 2
«No se está para saber la verdad, sino para implantar la ley, aquello que la persona debe o no debe hacer». Christian Vincent (de su película El juez (2015)
Miércoles, quince de abril de dos mil veintiséis
… Tengo mi propia versión de una posible verdad circunstancial: Farel entró en la caseta con el deseo y la intención de tener sexo con Mila (excitado por la fiesta a la que habían asistido); ella quiso probar, admitiendo la posibilidad del sexo (era una mujer joven, aunque experimentada). Algo no le debió gustar en las formas de Farel, aparentemente una casi evidente desconsideración hacia ella; estilo o formas que ella no asumió y que forma parte de los riesgos del sexo con desconocidos. Decidió pasar a Farrel una terrible factura (de la fiesta al sufrimiento insoportable). Ella actuó bajo un ideal, probablemente romántico; él urgido por un deseo impetuoso. Pudo no ser nada, pero lo fue todo para desgracia de ambos, especialmente para él, el denunciado, que, dado el panorama judicial al respecto, lo colocaba a los pies de los caballos (y eso que no era aquí, sino Francia).
Yo, en caso de haber sido jurado, no lo habría condenado (no, no es solidaridad de género), porque no había evidencias de culpabilidad, solo gama de grises en un hecho consentido a priori y muy difícil de deslindar (ella nunca lo rechazó explícitamente, solo fue pasiva, me pareció entender). Aviso a navegantes: no hacer sexo con desconocidos sin garantías de no ser manipulados. Ningún hombre está a salvo de un posible daño interesado por parte de una mujer; lo mismo que ninguna mujer lo está de toparse con un violador de su voluntad por la fuerza. Todos los sexualmente activos deben tener cuidado porque el riesgo de daño es posible y de unas consecuencias monstruosas. Yo, con una mujer reticente y pasiva no habría ido más allá, por respeto y dignidad propia; de cualquier modo, menos mal que eso a mí ya ni me va ni me viene.
La Fotografía: El abogado defensor en la exposición de los argumentos de la defensa (brillantes). “…No podemos conformarnos con la versión que nos proporciona una sola parte. Aquí no hay una sola verdad, sino dos percepciones de la misma escena. El señor Farel no ha dejado nunca de reivindicar su inocencia y muy consciente de ello estoy hoy aquí para pedir su absolución, lo único que estoy pidiendo es que se haga justicia, una justicia que impartirán ustedes, y mi única ambición es convencerles de su inocencia a ojos de la ley y no de la moral y la clave aquí está en el consentimiento de la señorita Mila Wizman (…) No tenemos la verdad, pero debemos encontrar una verdad judicial. Les han traído aquí para hacer justicia y ahora se encuentran en plena batalla; se les pide que se unan a la causa de la mujer, que se unan a una lucha indispensable. Pero la justicia no necesita guerreros, necesita jueces imparciales. Lo que ustedes deben juzgar hoy son los actos del señor Farel, y nada más. Su tarea no es menos desalentadora, su decisión es la que condicionará el destino del señor Farel. Si finalmente lo condenan porque tienen una mínima duda sobre lo que pasó esa noche entonces estarán violando la ley y traicionaran el juramento que ustedes hicieron como jurados. Ante la duda, no arruinen la vida de un joven que siempre ha mantenido su inocencia. No pueden correr ese riesgo, sería condenar a un inocente”.