DIARIO DE MI FELICIDAD 22.2
“La risa es como un rayo de sol, todo de oro puro, no hay otro jardín como el del amor”. Konstantino Kavafis
Jueves, dieciocho de junio de dos mil veintiséis
… Quiero a Lucía Mae y a Emma Louise porque son sensibles, auténticas, especiales, extraordinarias y por ser mis nietas. Y porque me gustan mucho. Y por su capacidad de reír y sonreír en todos los tonos y registros imaginables. Pero, al mismo tiempo, soy perfectamente consciente de que habitamos en mundos distantes y diferentes. No solo en la distancia física, sino, también por vivir y especialmente por habitar mundos alejados por las épocas de nuestras vidas, por la distancia de nuestra edad.
¿Dónde pueden encontrarse seres que les separan cincuenta y cinco años de edad, que se expresan en idiomas diferentes y que físicamente vivimos nuestras vidas a ocho mil kilómetros, como es nuestro caso? Posiblemente en el territorio de la voluntad, el espíritu y la sangre. Y en el del instinto. En los momentos en los que nos miremos y en ese fondo de nuestras pupilas nos reconozcamos. Y eso es conmovedor, porque creo que nos sucede.
Pero no, no es suficiente. Porque para que fuera una experiencia enriquecedora para ellas y para mí, tendríamos que establecer algún tipo de sintonía, de complicidad, de intereses comunes. Eso es casi imposible, a pesar de que pongamos todo lo que podemos en las pocas horas que pasamos juntos al año. Cuando están aquí y compartimos momentos yo suelo seguirlas con la mirada, admirado por su precoz sabiduría y no evito sentirme como un lejano admirador.
Me pregunto si nuestras circunstancias adversas cambiarán en algún momento y me respondo que no, nunca lo harán. Solo deseo que mantengamos y aspiremos a una entrañable y afectuosa memoria, salpicada de respeto y admiración mutua. Con eso me conformaría. Que no nos olvidemos nunca mutuamente, ellas allí, y yo aquí.
La Fotografía: Lucía y Emma, maravillosamente simpáticas y felices. Estábamos en la zona del Palacio Real, bajo un sol y calor abrumador. Solo nos quedaba un día, bueno más bien una comida que compartir, la del viernes. El sábado volarán a París para pasar allí cuatro días más. Solo ellos cuatro, la familia.