13 JULIO 2026

© 2023 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2023
Localizacion
Toledo
Soporte de imagen
-DIGITAL 50
Fecha de diario
2026-07-13
Referencia
1034

DIARIO DE UN CONDENADO 21
“En la actualidad, la obsesión por uno mismo no se manifiesta tanto en la fiebre del goce como en el miedo a la enfermedad y a la vejez, en la medicalización de la vida. Narciso no está tanto enamorado de sí mismo como aterrorizado por la vida cotidiana, por su cuerpo y por un entorno social que se le antoja agresivo”. Gilles Lipovetsky
Sábado, once de julio de dos mil veintiséis

El otro día, cuando reinauguré este capítulo de diario, que empecé en febrero de 2024 y  dejé en noviembre de 2025, dije que lo abandoné porque no creía que necesitara refugiarme en él para enjugarme las lágrimas que me provocarían los días malos. Pero me equivocaba porque aquí estoy otra vez. En realidad, los diarios son refugios donde lloriquear discretamente y con todas las coartadas eximentes imaginables. Al entrar en el espacio del diario, aunque se publique digitalmente, entro en un espacio de intimidad bien guardada, me siento seguro en él porque está custodiado por toda la indiferencia del mundo entero, que es infinita.
“Es literatura, estúpido, no secretos de confesión y terapia”, me digo, para consolarme.
Hay dos tipos, entre otros, de narcisismo: el exhibicionista triunfante y perverso que persiste en ascender insaciablemente a una quimérica gloria tan solo imaginada, y que siempre emerge sobre los cuerpos yacentes de sus víctimas. Es inconcebible el narcisismo incruento porque la maldad es su naturaleza. Esta tipología es frecuente en mujeres porque se trata de almas impías, sibilinas y exhibicionistas (princesitas). Y luego está la cruz de la misma moneda, la del condenado porque, por edad, la vida ha terminado con él. Carece de cualquier poder salvo el de inspirar lástima.
Me temo que he sido, por tener un carácter contradictorio, de la peor especie de Narciso: la de los tontos que se condenan por serlo y disimulan por una culpa, que, en mi caso, no tengo claro haber cometido, porque creo haber sido un hombre bueno, o no. No lo sé. Lo que sí sé es que la mayor parte del tiempo he vivido acomplejado, salvo cuando alcancé algunos momentos insignificantes de narcisismo triunfante, consciente o inconsciente, no sé si una cosa u otra, en los que me creí “realizado”.
Luego, más tarde, no hay piedad para los narcisistas derrotados por el Dios-Tiempo.
Por nuestro inmerecido bien, cuanto antes nos muramos, mejor (sí, porque creo que formo parte del colectivo narcisista, aunque disimulando). Vivir a destiempo, para nosotros, supone soportar un castigo de proporciones bíblicas. Menos para los imbéciles que, al carecer de criterio, se creen su propia mentira hasta la tumba misma. En esos casos, todo está en orden muy desordenado.
La Fotografía: Y ahora, de viejo ya, vivo escondido detrás de la máscara de la omnipotencia porque me he alejado del escenario, ya no estoy y en ese sentido, a solas,  me parezco a Dios (foto), y miro a mis coetáneos con algo de asco, exactamente como me miro a mí mismo cuando me quito la máscara.

Pepe Fuentes ·