EL DÍA DE LOS EPÍLOGOS 65
Diario de envejecimiento (6): Breve repaso en seis entregas de ciertos hitos en mi biografía, desde mis 39 a los 73 años. Y no porque hayan sido transcendentes, salvo uno, el de mi separación que sí lo fue (no lo volveré a llamar abandono, porque nadie abandona a nadie, aunque lo parezca, sino que vamos y venimos por nuestras vidas a golpe de señales e impulsos ineludibles). Además, no me da la gana de situarme en el lado perdedor, aunque lo fuera, porque ese es un estadio provisional hasta que todo cambia y pasas a otro estadio, siendo la pérdida un momento que se diluye en el tiempo porque pasas a ser otra cosa. Las fotografías han sido de las épocas rememoradas, claro.
Diario de la soledad (4): Inspiradas por mi realidad cotidiana y por la lectura intensiva, a lo largo de este mes, de Gabriel Rolón, sus sesiones de con los analizantes y sus extensivas reflexiones sobre aspectos nucleares de la vida humana, como La Soledad, que estoy oyendo en estos días. Dice el propio Rolón, para atemperar e intelectualizar el drama: “La soledad no es una condena, es parte de la condición humana”.
Diario de clausura (4): Cuestiones filosóficas coloreadas por un cierto existencialismo, desesperado, como no puede ser de otro modo, acompañado de teóricos argentinos a los que estoy dedicando una placentera atención intelectual, y en este caso me he ocupado de las inspiraciones que me han aportado Gabriel Rolón (psicoanalista) y Alejando Dolina (hombre de mundo y especulador filosófico, también artista).
Diario de la belleza (3): Un viaje de veraneo a Mojácar y a las playas de Almería, solo que hace cuarenta y cuatro años, y la belleza la pusieron Gabriel y Carmen, su madre. También estaba el mar, pero por sabido, no suelo fijarme. Las otras dos entradas corresponden a mi visita, junto con Ángel, a ver la exposición del VIII centenario de la catedral. Luego comimos juntos, porque celebrábamos mi cumpleaños, pero disimulada y anónimamente, como si no.
Diario de mi felicidad (3): Sentencio a muerte a mi felicidad, después de dar una vuelta a teorías (incluso psicoanalíticas), a mis circunstancias, a mi carácter, a mi edad (los viejos perdemos las ganas y el entusiasmo), y a alguna otra cosa más. Llego a la conclusión de que no seré feliz porque no podré enamorarme (sin ese aderezo la salsa de la felicidad es insulsa). Así de simple, así de fácil.
La vida superflua (3): Empecé el mes con este capítulo y escribí de todo un poco, de mujeres (las indeseadas), que tan mal me caen y ellas a mí; de la invasión de Ceuta, que tanto nos enfadó a mi hermano y a mí; de la pérdida de impulso vital y de mi creciente indiferencia.
Los Microviajes (2): Cierre de mi último viaje en compañía (con Naty, mi antigua mujer, después, no he tenido otra). Séptimo día, en Sevilla, y el octavo, de vuelta a Toledo.
Adentrándome en las tinieblas (2): Aproximación a la muerte a partir de un hecho luctuoso vivido terapéuticamente por Rolón, en su obra La soledad, aunque también, al otro lado del espejo, de la vida. Y, una más, completamente inesperada, pero importante, porque he traído al presente de una sola entrada el resumen de mi vida sentimental, desde la tierna e ingenua infancia hasta la decepción de ahora mismo.
Diario de la perplejidad (1): Mención al deterioro endogámico de las monarquías europeas (flácidas y cobardes), de la conveniencia de la nuestra para aplacar nuestro salvajismo con el antídoto de la historia; noticias del territorio Dalton; y, por último, una entrada más, donde repaso mis valores y mi cara e interrelaciono ambas cosas.
Los días (1): De mi escasa inspiración, de mi visita a un barrio periférico de mi ciudad, con mirada interesada y turística; del súper al que más que a comprar voy a frustrarme y de los gatos de mi barrio. La foto fue de un gato de mi barrio, pero disecado.
Diario del espanto (1): Escribí sobre una película que me impactó: Dos fiscales (2025), de Sergei Loznitsa, en la que aparece la noche más negra del comunismo estaliniano (1937), aunque todas lo fueron. También divagué por otros asuntos.
Cartas a mis nietas (1): Este mes a Emma, por su cumpleaños.
La Fotografía: Dado el uso y abuso de mi supuesta biografía (autobiografía, para ser más exactos); para terminar con un apropiado racord temático solo podía ser esta fotografía la que cerrara el mes de mi cumpleaños. En primer plano un autorretrato de 2021 (68 años), con un cuadríptico detrás, también autorretrato, pero esta vez de 2007, con 54 (la mejor década de mi vida, según he proclamado). Se da la circunstancia de que, como me gusta mucho este ejercicio de artisticidad narcisista, tengo el mural sobre la cabecera de mi cama, como si de un nuevo profeta me tratara.