La vida superflua 15 y 2
“Ser superfluo significa no pertenecer al mundo”. Hannah Arendt
Martes, veintinueve de septiembre de dos mil veintiséis
Esta mañana, a las ocho, he caminado con las dos mujeres que avanzan una delante y otra detrás; como yo era el tercero se ha producido una distorsión en el equilibrio que ellas mantienen; pero sobre todo en mí, que nunca lo hago con nadie. He tenido que suspender la escucha de la novela sobrecogedoramente buena: Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos, autor al que nunca me había acercado, no sé porqué siempre he desdeñado la literatura española de los cincuenta y sesenta, sobre todo a Juan Benet, que siempre se me han caído sus libros de las manos. No me enorgullezco de esa incompetencia. Pero ahora me he acercado a la escritura de su amigo del alma, Luis, y estoy admirado, impresionado de como brotan las palabras en su escritura, a borbotones, complejas y barrocas; incesantes y maravillosas. Creo que cuando termine esta obra leeré otra y otra, y esta nuevamente porque solo he arañado torpemente la superficie.
Estoy perdiendo el hilo de la aventura de esta mañana, una nueva experiencia para mí de caminar con mujeres desconocidas por mis caminos solitarios de siempre. Es la primera vez que sucede, o tal vez no, no sé no me acuerdo ahora.
Se ha producido un cortocircuito absoluto: esas mujeres sexagenarias y yo nada teníamos que ver, salvo porque caminamos a la misma hora por la misma senda.
Pertenecen a la clase -personas mayores compulsivamente activas- (hacen dos tres horas diarias de ejercicio en un centro de mayores, taichí, yoga, cardio y, además asisten a cursos teóricos de cualquier cosa, hasta de alimentación sana, creo que dijeron).
En sus grupos son todas mujeres (en torno a veinte), salvo el quince por ciento de hombres. Eso me han dicho. Me han hablado de conciertos en la ciudad este fin de semana, o de un encuentro gastronómico (pinchos y cerveza o lo que fuera en un parque), y yo he tenido que confesar mi absoluta ignorancia sobre esos para mí inauditos hechos. Así se lo he dicho y me han mirado raro, algo así como ¿de dónde ha salido este individuo tan raro?
He observado que estaban muy contentas con sus vidas dinámicas e hiperactivas, manoteando la nada todo el santo día. Hay muchas formas de morir antes de tiempo, me parece. Además, ese contacto gregario les proporciona inagotables temas de conversación y críticas (unas contra otras).
No creo que ni siquiera sospechen que hay otras vidas posibles.
En la marcha se ha dado una circunstancia graciosa y profundamente lamentable que, a mis ojos y sensibilidad las ha descartado: primero avanzaba la histérica, la que siempre va delante dejando detrás a la otra; luego yo, dos o tres pasos por detrás, es decir hablaba con su espalda; y detrás la lenta casi cerca de mí, lo que me permitía observarla de reojo. En algunos momentos íbamos ridículamente en fila. La culpa de ese ineducado desorden la tenía la delgada, la que siempre camina sola, delante, por la que me he aproximado a ese delirante dúo (tan solo por ser delgada), que ha sido incapaz de guardar la mínima consideración al nuevo y extraño, antes de tener un mínimo de confianza.
Ni siquiera evaluaré sus comportamientos, su nivel cultural o su educación. La histérica era una salvaje, sí, una de esas personas incapaces de escuchar algo que se salga de su estrecho cauce de desconocimientos, desinformación e ignorancia; eso sí, sostiene ese perfil con prepotente suficiencia.
La otra, la lenta, la que caminaba a mi lado, al menos sabía lo que era un libro porque a veces lee alguno, según dijo. Era más ecuánime y discreta y estaba señalada por unas costumbres algo más sensatas.
Tendré que cambiar de camino o de hora para no tener que volver a vivir tan estúpida experiencia.
Si ellas y la mayoría son el reflejo del género humano, yo soy un extraterrestre. Por eso, como dice Arendt, soy un ser superfluo.
La Fotografía: Por segunda vez en la historia de este diario, excepcionalmente, he utilizado ChatGPT para crear una imagen ad hoc para el cuento de esta entrada. Naturalmente, no somos los personajes descritos en el texto, pero la imagen es la misma, hasta con el río y los árboles de fondo, además del sentido de la marcha escalonada que es exactamente igual. Quienes conocen el contenido y sentido de este diario y hasta yo mismo, sabemos que las fotografías tienen que ser consecuencia de un hecho vivido sensiblemente, en la que caben, también, imágenes de películas porque las haya sentido como parte de mi propia experiencia estética y temática. Pero nunca artificiosas como esta. Me comprometo a no utilizar el fácil recurso porque desvirtúa el contenido y sentido del diario. Es solo un experimento.