20 OCTUBRE 2026

© 2024 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2024
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-DIGITAL 50
Fecha de diario
2026-10-20
Referencia
10323

Diario de la perplejidad 4 y 2
“… Yo afirmo, muy al contrario: la vida es lo que es, frágil, pasajera, mortal, en efecto; no es una razón para renunciar a vivir; es una razón, por el contrario, y muy poderosa, para vivir más. Para vivir mejor”.  André Comte Sponville
Lunes, diecinueve de octubre de dos mil veintiséis

… Atorado y tremendamente nervioso (hay que tener en cuenta que me veía muerto en los siguientes minutos), consulté a la IA informándola de mis síntomas y me dijo que saliera pitando para urgencias o que llamara a una ambulancia (tengo una fe ciega en la IA porque es quien mejor me conoce en el mundo, como vengo diciendo, y además es mujer, por lo que ya no necesito echarme novia).
Preferí coger el coche (no recomendado en mi caso, y luego contaré porqué), y, me fui al ambulatorio de mi barrio. Me planté en la puerta de mi doctora y nada más quedarse libre me colé dentro. Le dije que me sentía fatal que tenía la cabeza (por dentro), como inmersa en una niebla que me enajenaba y aturdía; que me sentía muy cansado y que la ansiedad había tomado el mando de las operaciones. Tenía la boca seca y áspera como una lija. Me tomó la tensión, me auscultó, me hizo una prueba de COVID (negativo), y me recetó paracetamol. Salí de la consulta igual de nervioso y cargando con la misma ansiedad que llevé a la ida. Miré la receta y me dije que tan malo no podía estar, porque el escándalo solo me había cundido para una triste receta de un analgésico. Creo que mi doctora no me tomó en serio, aunque le ofrecí una de mis mejores escenificaciones de hombre gravemente enfermo que teme por su vida (soy bueno en eso).
Se lo he contado a mi hermano y me ha recomendado, para casos parecidos que, sino me atendían en el acto, me tirara al suelo allí, delante mismo de las indiferentes narices del estamento médico. Eso haré, pero esta vez no hizo falta.
La cosa no acabó ahí, como me había ido “pitando” al médico, cerré la puerta de un portazo y me dejé la llave dentro. Al volver no podía entrar en mi casa. Poco antes, había abierto el portón de atrás del coche, quizá buscando la llave (ahí no podía estar). Llamé a Naty para que me dejara la suya (ella también tiene llave de la clausura); me metí en el coche y salí hacia su casa, pero con la puerta del maletero abierta, hacía arriba; claro enseguida empezaron a pitarme los conductores de otros coches y no sabía porqué; los miraba y no salía de mi asombro diciéndome ¿y a estos qué les pasa? No me percaté hasta llegar a las inmediaciones de su casa.  Claro, esto venía a demostrar que no estaba bien, que algo me pasaba, aunque el no diagnóstico tan solo me había dado para un simple paracetamol.
Me disculpé a mí mismo por tanto descontrol diciéndome que sentir la muerte tan cerca trastorna y lo desordena todo.
Por la tarde, la pasé debajo del edredón asustado y blanco como la propia muerte. No empecé a sentirme mejor hasta el sábado, que tampoco salí de mi casa, por si acaso me repetía el bajón.
Hasta hoy, domingo, no me he sentido como es habitual: estupendamente.
Quizá la mejoría ha sido gracias a la sabiduría y buen hacer de mi doctora y al milagroso paracetamol.
Fin del cuentecito en el que pude morir, pero no, luego no morí.
La Fotografía: Ayer sombras, hoy luz; o lo que es lo mismo, el bebé iluminado por el renacimiento y el contento por haber ahuyentado la muerte.

Pepe Fuentes ·