“…sepulturas coloristas o descalabradas, cerradas con ventanas de marco de aluminio y vidrio no siempre roto de una pedrada, luciendo jarroncitos, flores de plástico, dijes, cositas e imágenes de yeso martirizadas por la intemperie…” Miguel Sánchez-Ostiz

© 2019 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2019
Localizacion
La Paz, (Bolivia)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD HP5 400 (800)
Fecha de diario
2019-05-12
Referencia
9100

PEQUEÑO VIAJE A LAS TIERRAS DEL INCA
Capítulo tres: La Paz (Bolivia), siete de febrero, jueves
XI
“Para Barthes, con la fotografía, lo que se dilucida es una cuestión existencial. No se trata de menoscabar los aspectos artísticos o documentales, pero lo que verdaderamente define la esencia de lo fotográfico es la certificación de una existencia. De ahí derivan el enigma, la seducción o el afecto que sentimos por las imágenes fotográficas”. Joan Fontcuberta

A pesar de la reparación conseguida con éxito en poco tiempo, yo todavía lloriqueaba por las fotografías perdidas que me pasaban, en una especie de secuencia fatídica y doliente, una a una. En vez de centrarme en lo que tenía delante, para mayor regodeo masoquista comencé mentalmente a hacer inventario de daños: las nubes que se cernían sobre el agua del lago Titicaca; los retratos con la luz especial que proporcionaba la altitud, supongo, de Naty y Reinaldo, el amabilísimo y peculiar guía quechua de la Isla; la basílica de Copacabana, de un blanco restallante; las de esa mañana, desde el teleférico que planeaba sobre el Alto; y, cómo no, las decenas hechas hacía tan solo un rato, en el cementerio central. Todas estaban perdidas o, mejor dicho, NUNCA HECHAS, solo soñadas, acariciadas, vividas, sentidas. Esas formas que vi y deseé con todas mis ganas en el visor, nunca impregnaron de luz y formas el material sensible de la película. Es prerrogativa de los sensibles y a veces precarios materiales con los que trabajo, revelarse o no. Apenas si llego a controlar un poco todo ese material constituido por incertidumbres y deseos…

COROLARIO: A pesar del contratiempo, no todo estaba perdido en mi ánimo. Al otro lado de la carretera teníamos el cementerio de La Llamita, donde fotografiaría con todas las ganas del mundo. Lo más atractivo de ese lugar no era el aspecto documental (tan poco interesante para mí), ni tampoco las formas (al fin y al cabo tan solo era un cementerio), sino la carga literaria que contenía.

© 2019 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2019
Localizacion
Cementerio La Llamita, La Paz (Bolivia)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD DELTA 400 (800)
Referencia
9099
© 2019 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2019
Localizacion
La Paz (Bolivia)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD DELTA 400
Referencia
9103
© 2019 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2019
Localizacion
Cementerio La Llamita, La Paz (Bolivia)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD DELTA 400 (800)
Referencia
9104
© 2019 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2019
Localizacion
Cementerio La Llamita, La Paz (Bolivia)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD HP5 400 (800)
Fecha de diario
2019-05-13
Referencia
9108

PEQUEÑO VIAJE A LAS TIERRAS DEL INCA
Capítulo tres: La Paz (Bolivia), siete de febrero, jueves
XII
Sobre el cementerio de La Llamita planean leyendas de lo más truculentas: robos de cadáveres, descuartizamientos, despojos de restos para quitarles aquello con lo que estén cubiertos y entierros clandestinos de desaparecidos, de asesinados. El sol picante de primera hora de la mañana no lograba disipar una miasma de espanto”. Chuquiago, Miguel Sánchez-Ostiz

Tenía que superar el trauma, teníamos enfrente, al otro lado de la carretera, el cementerio clandestino de La Llamita. A los recientes e inesperados contratiempos se había añadido que el sol había desaparecido por completo y el ambiente era de un gris pesado, denso, sin matices. En cuanto al lugar, mejor la descripción de Miguel Sánchez-Ostiz, en su obra Chuquiago, que la que yo pudiera hacer: Al otro lado de la puerta reventada apareció un amontonamiento de tumbas excavadas en una tierra arenosa, suelta, y panteoncitos hechos de cualquier manera, en adobe o ladrillo, con o sin nombre, entre matojos de llareta, paja brava y quilquiña; tumbas removidas o cubiertas, cuidadas o derrumbadas a punto de ser comidas por la tierra y la maleza, pintadas de blanco, azul o almagre, pero sobre todo azul, someramente cementadas o en ladrillo sin revocar o revocado a la diabla, con ortografías dubitativas y nombres y apellidos aproximativos, iniciales grabadas en el yeso o en el cemento con un palo, coronadas por cruces de hierro de soldadura con hierros de otras guerras, agarradas con pegotones de cemento para que no las roben para venderlas como chatarra porque por encima de supersticiones el trago es el trago y una cruz supone una buena botellita, o dos si es historiada …”

COROLARIO:  No fotografié mucho, aunque con ganas. Había alimentado un deseo inconcreto desde que supe de este cementerio, antes de viajar a Bolivia. Unas ovejas, negras como demonios, pastaban entre las tumbas.

© 2019 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2019
Localizacion
Cementerio La Llamita, La Paz (Bolivia)
Soporte de imagen
-120 MM- ILFORD DELTA 400 (800)
Referencia
9102