5 JUNIO 2010

© 2009 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2009
Localizacion
Londres, (Inglaterra)
Soporte de imagen
-120 MM- ROLLEI SUPERPAN 200(400)
Soporte de copias
ILFORD MULTIGRADO WARMTONE BARITADO
Viraje
SELENIO
Tamaño
18 x 22,7 cm
Copiado máximo en soporte baritado
3
Año de copiado
2013
Fecha de diario
2010-06-05
Referencia
3818

Ayer conté que Naty y yo hablamos durante la cena del trece de mayo, entre otras cosas, de sexo. Hoy, de pronto, se me ha ocurrido una pregunta estúpida: ¿las parejas con bastantes años de recorrido, como nosotros, hablan de sexo? No tengo ni idea, pero supongo que apenas. Imagino que las más jóvenes hablarán más. El sexo es esencial para cualquier persona, luego también para las emparejadas, sean heterosexuales u homosexuales (o ambas cosas, es decir, bisexuales). Aunque el otro día, en uno de los programas culturales que escucho obsesivamente, contaron que el seis por ciento de las personas son asexuadas o no están interesadas en la actividad sexual (pertenezco a las noventa y cuatro por ciento restante, y además, muy probablemente, esté entre los primeros de la lista). Sospecho que, en la medida que la sexualidad se convierte entre los emparejados en una rutina, el sexo, como tema de conversación, debe ser tan aburrido como hablar de la intendencia doméstica. Menuda faena, la pulsión más excitante del ser humano relegada a “cosa sabida de la que es fatigoso hablar”, y todo por culpa de haber optado por la fórmula de pareja, con todos sus convencionales valores en su sitio. De todas formas hay que reconocer que la práctica del sexo no ofrece mucho margen a la creatividad. Siempre suele hacerse de la misma forma, y más aún entre personas acopladas y tal vez proclives a la costumbre. Qué hacer entonces, para conjurar el mal de la rutina? Creo que la clave puede estar en lo que dijo Jacques Brel: “Nos ha hecho falta mucho talento para llegar a viejos sin haber sido adultos”.

Pepe Fuentes ·