4 MARZO 2016

© 2012 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2012
Localizacion
Toledo (España)
Soporte de imagen
-120 MM- ROLLEI TECHNICAL 50
Fecha de diario
2016-03-04
Referencia
6178

DIGRESIÓN CUATRO. Du levande (You, the Living) La comedia de la vida, Suecia (2007).Guión y dirección: Roy Andersson. Fotografía: Benny Andersson. Intérpretes: Jessika Lundberg, Elisabeth Helander, Björn Englund, Leif Larsson. Lo primero, una cita, sobre fondo negro: “Apresúrate a gozar, tú que estás vivo, en tu cálido lecho, antes de que el gélido Leteo acaricie tu pie desnudo”. Johann Wolfgang von Goethe. Luego, de mi cosecha, una del propio Roy Andersson: “El plano general permite ver la condición y el valor del ser humano, le muestra en su entorno. Un primer plano no está conectado al mundo, no es nada, es abstracto. El espacio que rodea a un ser humano dice más sobre él que su rostro. Buñuel sabía mucho de esto”. Oportunas y precisas sabiendo la cascada de imágenes y situaciones asombrosas e inquietantes que se suceden a continuación:
Primera imagen de la película: -una calle y un gran ventanal de una cocina de restaurante (parece) y cinco cocineros junto a un maitre mirando a través de una cristalera. Por la calle, frente a ellos, pasa un anciano con un andador arrastrando a un perro boca arriba atado a una de sus patas. A continuación: un hombre durmiendo en un tresillo, vuelto de espaldas, frente a una ventana con  edificios irreales al fondo. Una aguada de Don Quijote y Sancho, bajo el sol, en blanco y negro, sobre el tresillo (metáfora visual absolutamente reveladora). Se despierta abruptamente, se incorpora como impulsado por un resorte y, sentado en el sillón, dice haber soñado con que se acercaban bombarderos.
-Una pareja de desastrados y desdeñosos punkies, ambos gordos y engañosamente jóvenes, discuten en un parque, o más bien es ella la que le increpa a él, que, sentado y asustado, sostiene la correa de Bobbo, un perro atontado que dormita en el suelo. Dice ella: -Desaparece. Puedes irte de aquí- Él: -y Bobbo, es tu perro-  Ella: -Los dos. Marchaos los dos. Él: -no eres muy amable-. Ella: -nadie me entiende. Él: -pero de qué coño estás hablando-. Ella: -nadie me entiende. Nadie me quiere. Nadie, sabes que es cierto. Todo es una puta mentira. Él: -yo te quiero- Ella: -nadie. Él (que se ha levantado del banco y se dispone a  marcharse con el perro medio dormido:  -Bobbo te quiere- Ella: -él también miente. Largaos los dos. Sería mejor si yo no existiera, así no tendrías que sentirte culpable-. Él: -eso sí que me pone triste. Crees que quiero que mueras, eso no serviría de nada. En la vida hay que darlo todo. Al menos, intentarlo. Hay muchas cosas divertidas. Ayer lo pasamos bien-. Ella: -pero eso fue ayer. Si tuviera una moto me iría lejos. Ahora mismo. Quisiera tener una moto, me haría sentir de puta madre. Una con la que volar como el diablo, así me iría de esta ciudad. Pero para eso hay que tener carnet y dinero. Y no tengo ninguna de las dos cosas. Y eso me jode mogollón. Alguna vez se cumplen los sueños; los míos, jamás. Y yo aquí sentada en el parque con lo grande que es el mundo. Qué guay. Y qué feo es todo esto. Quisiera tener una moto ¡¡¡Me haría sentir de puta madre!!!
-Un bar de luz gélida y clientes también congelados, como suspendidos en la inconsciencia, como en un sueño que se parece demasiado a una pesadilla. El camarero, tocando una campana: “Tomamos los últimos pedidos. Y mañana será otro día”. Todos se acercan perezosamente a la barra.
-Un numeroso grupo de gente ocupa un ascensor hasta que se llena. Se acerca un hombre mayor apresurado, con gabardina y una cartera, e intenta entrar, pero no queda sitio. Se dirige a la escalera y comienza a subir penosamente. Resulta ser un médico que entra en su consulta. Se quita la gabardina y la chaqueta y las tira descuidadamente en un sillón. Se pone la bata blanca y, muy rígido, frente a la cámara, dice: -Soy psiquiatra. Lo soy desde hace veintisiete años. Estoy totalmente exhausto. Año tras año escuchando pacientes insatisfechos con sus vidas, que quieren divertirse, que quieren que los ayude. Eso deja exhausto, se lo aseguro. Mi vida tampoco es muy divertida. La gente pide demasiado. Esa es mi conclusión:  son egoístas, interesados y poco generosos. Bueno, quiero ser honesto. Quiero decir que son malos. Sin más. La mayoría. Dedicar horas y horas de terapia para hacer feliz a alguien malo, no tiene sentido. No se puede. Ya no lo hago más. Ahora sólo recetó píldoras. Cuanto más fuertes mejor, así son las cosas-.
Finalmente los bombarderos llegan inexorablemente, en perfecta formación de combate, majestuosos y amenazantes. Parsimoniosamente trágicos. Abajo, la ciudad se extiende, paralizada y bella, en torno a un río parado.       

Pepe Fuentes ·