28 OCTUBRE 2020

© 2020 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2020
Localizacion
Feria de arte Arco. Madrid (España)
Soporte de imagen
-35 MM- ILFORD DELTA 3200
Fecha de diario
2020-10-28
Referencia
8756

INSOMNIO (noche del veintitrés de Octubre).
Me desperté sobresaltado porque me pareció haber oído el despertador en sueños hacía mucho tiempo. Miré el reloj y eran las tres y cuarto, noche cerrada. Todavía faltaban tres horas para que sonara de verdad pero, sin darme una razonable tregua, me asediaron las imágenes de la película que había visto hacía unas horas y que comentaré mañana: La profesora de piano, película íntima, recóndita, problemática. No fue solo el hermetismo de Lara, la protagonista, sino también, la imagen de un hombre dolido y hondamente decepcionado. A este hombre, joven y fuerte todavía, le vapulearon dialéctica y abusivamente por la mañana. Todos contra él, y eran muchos. El escenario del severísimo castigo fue el congreso de los diputados, donde se dirimen los asuntos políticos pero que, en esencia, no es otra cosa que una permanente representación de locas y estúpidas vanidades. La política en España suele ser un pretexto para que unos grupos se enfrenten a otros duramente. No, no es un espacio de trabajo, reflexión y debate, sino un sórdido ring donde un bando lucha contra otro sin cuartel. Sería entretenido si no fuera una inacabable reiteración de previsibles argumentos. Aburridísimo. La parte más absurda y estúpida del show es que contiene un lamentable sarcasmo: las víctimas interpuestas, los duramente golpeados por los macarritas, somos los de fuera, los que los hemos elegido, encima. Ayer, el abusivamente malparado y derrotado fue el jefe de un partido nacionalista español (un exotismo). En España, nacionalistas españoles no hay, ni siquiera el Rey Demérito, que ya se fue hace mucho rato con dinero fresco para gozar. Parafraseando al gran Woody: Toma el dinero y corre. De ejemplaridad y dignidad, sin noticias, no conocía esos valores, el individuo. Así es el mundo de la política en mi malhadado país. Volviendo al suceso del pasado veintidós: seguí, a grandes trazos, el desarrollo macarra del debate y me llamó poderosamente la atención que los señores diputados han empezado a ponerse estupendos y citan mucho a autores (literatos, poetas y filósofos). A veces sus palabras tienen un dramatismo de alta literatura: el otro día emplearon mucho la palabra -furia-: “…es un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que nada significa”. W. Shakespeare; o citan poemas de Cervantes y de cualquier otro autor de mucha importancia; debe ser para quitarse el complejo de ignorantes, como hago yo: los políticos me imitan. El político sonado, que tanto me impresionó, se lanzó, imprudentemente, a defender ciertos valores con mucho de voluntarismo y poco de perspicacia política. Exhibió una proverbial torpeza al atacar el europeísmo, único y último valor que puede salvarnos de los bárbaros, es decir de nosotros mismos. Este hombre, de buena e ingenua voluntad, parece, tuvo que pasar por un estrecho pasillo entre unos y otros y todos le golpearon y escupieron sádicamente y al final, para colmo de su mal día, le esperaban los matones mayores de cada una de las bandas: especialmente uno, que había sido colega, y que le dio hostias hasta en el cielo de la boca (fue como una cruelísima novatada). Este perdedor, a partir de la paliza moral se movió por el ring grogui pero, asombrosamente, no tiró la toalla y, tambaleante y sin apenas visión (la propia sangre le cegaba la vista), consiguió mantener la maltrecha dignidad. Todas las fuerzas políticas (hay muchas) les consideran (a él y a los suyos) unos fascistas peligrosos (la incultura que prolifera por doquier hace que hayamos olvidado lo que realmente significa fascismo) y ya se sabe que para los malvados no hay perdón ni paz posible. Si no fuera porque hay algunos aspectos que difícilmente puedo aceptar: condicionar el liberalismo a la ideología, rechazo al europeísmo, confesionalidad católica y estética nacionalista de dudoso y rancio gusto, me solidarizaría con ellos: siento una simpatía instintiva hacia los perdedores, empatía que, desde luego, no siento hacia ninguno de los que abusaron de él. Este hombre me parece honesto por seguir locamente un terco idealismo (una vez hechas todas las restas necesarias en el caso de los políticos). No creo que tenga mucho más espacio que recorrer: debería retirarse discretamente porque a partir de ahora todo será caída para él, nadie ama a los perdedores. El político noqueado y la profesora de piano (protagonista de la película que vi horas antes) alimentaron por turnos mi insomnio durante tres horas.

Pepe Fuentes ·