29 ENERO 2022

© 2022 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2022
Localizacion
Teatro del Barrio, Madrid
Soporte de imagen
DIGITAL 1000
Fecha de diario
2022-01-29
Referencia
4937

LOS MICROVIAJES: Madrid y alrededores (2ª parte)

Domingo, veintitrés de Enero de dos mil veintidós (y 2).
Esta segunda parte, como hecho significativo, teníamos previsto asistir a una función en El Teatro del Barrio, a las seis de la tarde.
Previamente deambulamos por bares de La Latina desde la una y media hasta la seis de la tarde, con unos amigos. Comimos, bebimos y charlamos, ordenadamente, como no podía ser de otro modo. Yo hablé menos (no tenía nada en especial que decir). Nuestros amigos se fueron y con Carmen me dirigí al Teatro, momento estelar del día.
El Teatro: nunca había estado. Pequeño, con una grada empinada con no demasiados asientos y un escenario abajo, muy amplio, de una superficie de linóleo negro, no muy limpio. Telón negro de fondo. Un vestíbulo espacioso con un pequeño bar a la izquierda (me parece recordar). Todo el lugar transpiraba lo que se ha venido en llamar “progresismo”, término equívoco, por cierto, dado que, además de ser una convención lingüística tendenciosa no está, objetivamente, demostrado que su ejercicio político-práctico suponga en absoluto progreso alguno. Es más, a lo largo de la historia, sus más excelsos y significados representantes han sido profundamente retrógrados y represores de libertades. Pero bueno, ellos disfrutan mucho considerándose portadores de verdades inalienables y moralmente superiores; ellos sabrán. A mí me da igual su rollo, siempre y cuando sean discretos y no molesten demasiado, o lo que sería mucho peor: que se metieran en mi vida (acostumbran a hacerlo).
Vimos una representación de Los Torreznos, Rafael Lamata y Jaime Vallaure, especializados en performances con un toque cómico (supongo que para hacer más atractivo su propuesta o mensaje, o tal vez porque sean realmente cómicos, no sé). El caso es que el dúo de tipos, maduros ya, me parecieron muy simpáticos (me cayeron realmente bien). Su performance trataba de La Cultura, y fue muy cómica (que no tanto humorística). La representación constó de tres actos con una introducción (lo mejor del espectáculo con diferencia). Utilizaron recursos onomatopéyicos, repeticiones, mímica, juegos con el exiguo atrezo (dos sillas, una tabla grande y dos caballetes), y cosas así. No detecté crítica en nada de lo que dijeron e hicieron (no hacía falta). Por ejemplo, en la última parte, recurrieron a la sola enunciación de nombres y referentes consagrados del mundo de la Cultura y el Arte, pintores, por ejemplo, para decirnos que lo suyo, esa tarde, iba de Cultura. Todo resultó muy conceptual y blanco, como de agradable y complaciente tarde de domingo. Estoy escribiendo este texto cuarenta y ocho horas después y, de verdad, me cuesta bastante recordar dos de las cuatro partes que compusieron el espectáculo. Y, lo que es peor, tampoco acierto a captar la naturaleza e intención de la trama, o tal vez era intriga. Ellos se definen como artistas conceptuales y performativos y no teatreros (gente de las tablas), pero a mí me parecieron más lo segundo que lo primero. Será que no entiendo. No obstante, dado mis altísimos niveles de contradicción, si me entero de alguna otra representación de otro tema o concepto, iré a verlos, porque me parecieron muy simpáticos.
Luego, anduvimos hasta Atocha y en tren hasta Coslada. Cogí mi coche y regresé a mi casa. Llegué a las nueve y media, más o menos. El día y el Microviaje había terminado.
La Fotografía: Los Torreznos viviendo su tarde de gloria. Hicieron algo que me pareció muy, muy original: aplaudir ellos al público, tanto como el público a ellos. Eso estuvo bien y, además, alargó la ovación final el doble o mucho más, seguro. ¿A ver quién se atrevía a dejar de aplaudir primero? Nosotros nos fuimos y allí se quedaron, unos frente a otros aplaudiéndose incesantemente, con saña. Lo mismo les dio la hora de cenar y lo hicieron todos juntos, aplaudiéndose, claro.

Pepe Fuentes ·