12 FEBRERO 2023

© 1980 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
1980
Localizacion
Carmen Pérez (Toledo, España)
Soporte de imagen
-35 MM- TRI X 250
Fecha de diario
2023-02-12
Referencia
5382

DIARIO ÍNTIMO 49
Mujeres que me gustaron y a las que quise (uno). Carmen.
Viernes, diez de febrero de dos mil veintitrés

Nos conocimos cuando teníamos catorce años yo y trece ella, en el Instituto de Enseñanza Media de nuestra ciudad. Eran tiempos de exámenes y reválidas y de bachillerato. Nos gustamos. Comenzamos a salir los domingos por la tarde, ambos acompañados por un amigo y una amiga. Íbamos al cine y luego paseábamos como chicos formales y modositos que éramos. Aquella historia de amor precoz se diluyó, acabó pronto, no hubo otro remedio. Pasaron cinco años, y como nuestra ciudad es asfixiante y pequeña nos volvimos a encontrar y enseguida retomamos la relación que se perdió entonces.
Nuestro noviazgo fue convencional, como eran entonces esas relaciones en ambientes estrechos y entre jóvenes contenidos y sumisos que éramos.
Nos casamos poco más de dos años después (1975). Tuvimos a nuestro hijo Gabriel no mucho después.
Como no sabíamos de nada, eran tiempos torpes y ciegos todavía (la dictadura, época de oscurantismo y silencio), y a fin de cuentas éramos provincianos, tuvimos que empezar a aprender de todo rápidamente para sacar adelante nuestras vidas alejándonos de la más ignominiosa vulgaridad e incultura. Ninguno de los dos teníamos “estudios” a lo que siempre consideramos una convención más, aunque a mí me acomplejara. Teníamos claro que seriamos lo que nosotros nos construyéramos. Eso hicimos. Viajamos, nos acercamos a la cultura con avidez y buscamos siempre a gentes interesantes, alejándonos de aquellos que nada nos aportaban. Establecimos un régimen interno de funcionamiento doméstico partiendo siempre de reparto riguroso de tareas y responsabilidades, no por mimetismo con valores que entonces no existían, sino porque el sentido común y el respeto que nos teníamos nos abocaba a que fuera así, no podía ser de otro modo.
Quise y respeté mucho a Carmen, creo que ella a mí también. Nos ayudamos en todo y nuestra relación fue excelente y positiva, sin graves conflictos. Si he contado cómo nos conocimos debo mencionar cuando se produjo la decisión de separarnos: Era mayo de mil novecientos ochenta y cuatro, yo viajé solo diez o doce días de vacaciones a Ibiza. A la vuelta me recogió en la estación de autobuses y me comunicó que había decidido separarse y que eso era irreversible. A partir de ahí pactamos el acuerdo de separación, sin tensiones. Cuando lo hicimos efectivo, dos o tres meses después, ella tenía veintinueve años y yo treinta y uno. Nuestra vida en común se había agotado, sencillamente. Nunca hubo conflicto entre nosotros en la fase postmatrimonial. Gabriel vivió alternativamente con uno y otro en perfecto equilibrio de tiempo compartido. Estuvimos bien los tres en los años ochenta, después de la separación. Cuando era necesario nos reuníamos ambos para tomar las decisiones que afectaban a nuestro hijo. Nunca hubo desacuerdos ni problemas en eso. Nunca perdimos el contacto y hemos seguido viéndonos con la mayor naturalidad del mundo cuando viene Gabriel a España con su familia. Nuestras mutuas felicitaciones en los respectivos cumpleaños nunca han faltado a lo largo de los treinta y nueve años que hace que nos separamos.
La Fotografía: Carmen,  de una belleza tranquila, discreta y firme a la vez. Jamás alardeaba de nada. Atenta a lo que sucedía a su alrededor, nunca pretendía imponer su criterio a nadie. Siempre ayudada y dejaba vivir a los que vivíamos en su entorno. A mí me cuido y me quiso hasta que ya no pudo soportar más mis inconsistencias y debilidades. Mientras permanecimos juntos su generosidad conmigo no tuvo límites. Nos amamos hasta que ya no hubo forma de sostener la relación por más tiempo. Lo sentí profundamente, pero asumí y asumimos que no teníamos otra salida si no queríamos hacernos un daño innecesario.

Pepe Fuentes ·