16 FEBRERO 2023

© 1985 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
1985
Localizacion
Alicia (Toledo, España)
Soporte de imagen
-120 MM AGFA 25
Fecha de diario
2023-02-16
Referencia
966

DIARIO ÍNTIMO 53
Mujeres que me gustaron y a las que quise (cinco). A.
Martes, catorce de febrero de dos mil veintitrés

“…la emoción de la femineidad que me perturbará hasta el final, cuando ya sea unos huesos…”. Antonio Lobo Antunes
No lo sé, Lobo, tal vez sí, pero ahora, precisamente ahora, no lo sé. Antes sí.
Era así, sin sombra de duda cuando la conocí a comienzos del verano de mil novecientos ochenta y cinco. Fue en un entorno terapéutico (era psicóloga). No me atendió (el paciente era yo, claro), ella solo estaba allí y, asombrosamente, nada más vernos fuimos sensibles el uno al otro. Su bello rostro, sus intensos ojos, su mirada aguda e inteligente, su cuerpo breve y delicado, todo, hizo que me sintiera hechizado, nada más conocerla. Ella mostró hacia mí una atención entregada, al mismo tiempo que yo hacia ella. Supongo que el encuentro se podría definir, sino fuera tan manido, como un flechazo súbito. A partir de ese momento me lancé desbocadamente a crear un espacio de amor para nosotros. Ella me secundó con iguales ganas. Supongo que pensamos, todo resultaba vertiginoso, que ya no precisaríamos nada más. Ninguno de los dos supimos en ese momento que no podríamos darnos lo que necesitábamos.
Nunca hasta ese momento había conocido a una mujer como ella, tan especial, tan recóndita e íntima, tan suave y vibrante al mismo tiempo. Abrazar su cuerpo escueto pero sinuoso era sentir la belleza absoluta entre mis brazos. Lo hacía con extremo cuidado porque temía dañar su fragilidad. Toda delicadeza me parecía poca.
Nos comunicábamos con la misma intensidad con la que nos abrazábamos. Nos veíamos en Madrid cuando yo tenía sesión o por el mero placer de vernos. Ella vino a Toledo algún fin de semana.
Me llamaba cariñosamente Gato, quizá por el lado ronroneante, pero también huidizo de esos animales. Probablemente, yo ya daba muestras de secretas intenciones escapistas; sí, tal vez porque ella me daba miedo. No me sentía con fuerzas suficientes para sostener su amor, sencillamente porque yo apenas conseguía sostenerme a mí mismo.
Los encuentros fueron espaciándose sin saber exactamente porqué. Quizá nos faltó aíre o nos sobró, no sé. En Agosto no nos vimos. Fui a verla en Septiembre y la encontré fría, distante, completamente alejada de nuestra efímera historia. Yo me sentía apenado, pero igual de desfondado. Ambos habíamos partido ya. Recuerdo el triste desencuentro sentados en un banco de la plaza de Santa Ana, de Madrid, absolutamente paralizados por el desaliento. Fue triste, muy triste.
Desde entonces no nos hemos vuelto a ver ni a saber el uno del otro. A lo largo del tiempo he mantenido el más emocionado recuerdo de ella. Como dice Lobo más arriba, siempre estará presente en mi memoria, hasta cuando ya solo sea un montón de huesos.
La Fotografía: Es la segunda vez que escribo este texto, por un descuido lo perdí ayer. No recuerdo exactamente lo que escribí, pero sí sobre esta foto, que la hicimos en una sesión en mi casa de entonces. Nos fotografiamos los dos. Alguno de esos retratos, tanto suyos como míos, han aparecido en el diario a lo largo del tiempo (uno mío aparecerá mañana). Menos mal que al menos tengo su imagen, sería lamentable recordarla sin poder ver sus ojos electrizantes.

Pepe Fuentes ·