LOS DÍAS 68
Miércoles, cuatro de Octubre de 2023
Ayer, pues nada, ayer y nada más. Es la nada representada y conjugada y pareciéndose a sí misma todos los días. Y tú, dónde vives, le pregunta un individuo a otro -yo en la Nada, por dentro y por fuera- le contesta el hombre vacío, pero el otro no lo entiende. Nadie entiende nada (yo, solo, un día sí y otro no). Soy un privilegiado.
Dejo por hoy la metafísica y dedicaré un ratito a la cháchara pueril: ayer vino mi amigo Ángel a ver el partido del Real Madrid (ganamos); previamente yo había cocinado una tortilla que disfrutamos convenientemente. Al final del partido, cuando ya estaba decidido el resultado, hablamos de lo de siempre e igual que siempre estuvimos de acuerdo en todo, especialmente del infame asedio a la libertad de la que somos víctimas (pusimos ejemplos y todo). Los hombres mayores debemos cuidarnos de alteraciones nerviosas que provocan las disputas y que podrían dañarnos.
Hoy iré a ver a un dermatólogo (ayer estuve a ver a una odontóloga que me parcheo un par de muelas) para que me cure ciertas mataduras de burro viejo en la cabeza (por fuera). Es curioso, el doctor-dermatólogo me caía bien, es más me parecía un profesional altamente cualificado y sumamente cordial, sin embargo, hoy, me ha llamado ceremoniosamente de usted (en otras ocasiones me trataba de tú con toda naturalidad), y como odio ese tratamiento impostado, en el acto me ha parecido que su imagen mutaba en monje cartujo de clausura (su cabeza es idéntica al arquetipo), así que no sé si volveré porque no me apetece que me chamusque la cabeza un cartujo, vete tú a saber de sus secretas y oscuras intenciones.
Mañana, jueves, he pensado en darme una vuelta por Villanueva de los Infantes, a más de cien kilómetros de mi casa; por qué, porque sí, porque se me ha ocurrido y porque allí murió Quevedo y tienen guardados sus huesos. Iré a ver si es verdad. Lo contaré (si es que finalmente voy).
Vale por hoy, pero mañana seguiré escribiendo de lo que no me pasó hoy (lo he partido en dos) …
La Fotografía: Un Obispo vacío por dentro (como yo, aunque obispo no soy). Un prejuicio o un reflejo de inteligencia e intuición por mi parte: siempre he pensado que los miembros del clero de la iglesia católica (de otras no sé), son unos inmensos farsantes, o, dicho de otro modo, no me creo que ellos se crean lo que dicen que creen. Cómo se van a creer el cuento, si ni siquiera yo me lo creo y soy infinitamente más tonto que ellos. Imposible. A mí me parece que todo es mucho más sencillo y que simplemente esos hombres tan elegantes en ocasiones festivas son gente seria y profesional y representan el papel que les ha tocado, que mira por dónde es una gran falacia. A lo largo de los años, los justicieros y rencorosos gusanos de la verdad les van comiendo las entrañas y cuando al final llegan a obispos, ya están vacíos por dentro y entonces se mueren y se caen del retablo. Los que siguen vivos y creyendo, para mantener el negocio y el estado de cosas, los hacen santos. Ya está.