19 MAYO 2024

© 2024 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2024
Localizacion
Monasterio San Andrés del Arroyo (Palencia)
Soporte de imagen
DIGITAL 102400
Fecha de diario
2024-05-19
Referencia
10370

DIARIO DE VIAJE: al Norte.
“Aquí tengo la paz, la facilidad y la paz de no querer ya nada. Lo que me atrajo del convento fue la posibilidad de decapitar la insaciabilidad que yo sentía. Aquí, ahora, no deseo los deseos…”. Álvaro Pombo (Quédate con nosotros, señor, porque atardece).
Segundo día, lunes, veintidós de abril de dos mil veinticuatro (7)

… A las cinco, puntualmente, apareció sonriente la monja que me acompañaría en la visita. Resultó ser una anciana de en torno a 80 años, que caminaba despacio. Me preguntó desde dónde había llegado, a lo que la contesté que de Toledo; ella, a su vez, me dijo que en los años finales de los 60, había profesado en el Convento de clausura de Santo Domingo el Antiguo, en Toledo, también cisterciense. Era fácil suponer que fue monja o novicia en la veintena y ahí seguía, fiel a su vocación y su conformidad.
La visita consistió en que esa mujer (no supe cómo se llamaba) con sus hábitos reglamentarios, me acompañó a los distintos puntos visitables: la cilla, el claustro y la sala capitular, aparte de la iglesia que ya había visto (no se visitaba ningún espacio de la vida monástica, como el refectorio, por ejemplo), activaba un vídeo explicativo y ella se sentaba silenciosamente hasta que acabara. Yo, mientras, miraba el vídeo o daba vueltas por el entorno (la voz se oía perfectamente, aunque me alejara). A pesar de su silencio y reserva era una mujer agradable y solícita. Me contestó con agrado a todo lo que le pregunté.  El tesoro del monasterio era el claustro, con capiteles finamente labrados, especialmente los conjuntos esquineros afiligranados con motivos florales de gran riqueza escultórica. En el centro del patio, una fuente traída por el rey Pedro I de Castilla, procedente de Astudillo.
Y así, fue transcurriendo la visita, despacio y en silencio, salvo cuando yo preguntaba algo a lo que ella respondía brevemente, como diciendo, yo no estoy aquí para explicarte nada, solo para acompañarte.
Al final, cuando ya salíamos, le pregunté cuántas monjas había a lo que me contestó que siete, aunque activas solo cinco y que estaban muy atareadas, que no conseguían llegar a todo lo que debían hacer. Era así, seguro, porque el monasterio era grande, estaba limpísimo y además hacían artesanía para mantenerse, además de la hostería que al parecer había.
Salí del monasterio a las seis menos cuarto…
La Fotografía:  En el claustro se podía ver una reproducción de una celda antigua de una monja cisterciense, de clausura, claro. A través de la información que trasciende sobre la vida en estos cenobios hay un denominador común y es la plena conformidad de los internos en ese tipo de vida elegida, a pesar de la aparente dureza y austeridad en la que viven. El estado anímico de mi guía era apacible y muy cordial, aunque discreto, y desde luego en ningún momento me pareció que hubiera soportado crisis existenciales debidas al retiro del mundo, pero no de otros seres humanos porque para eso había profesado (convivencia obligada). También, para amar a Dios sin interferencias, supongo. Es perfectamente entendible que, aparentemente, no sientan la mordedura de la soledad y sí la acogedora compañía e intereses de la vocación compartida. Además, están a salvo de los serios inconvenientes de la presencia y contacto con desconocidos, generalmente antipáticos. No obstante, la vida monacal o conventual, de entornos bellos y apacibles, se cobra el precio de la austera y tortuosa incomodidad de habitar celdas como esta; sí, porque si no sería pecaminoso y ofensivo para el mundo. El cristianismo ha sabido mantener un sabio equilibrio entre lo aparente y lo real, de ahí su larga pervivencia.  Es una ensoñación fructífera.

Pepe Fuentes ·