10 JUNIO 2024

© 2024 pepe fuentes
Autor
pepe fuentes
Año
2024
Localizacion
Toledo (Corpus 2024)
Soporte de imagen
-DIGITAL 12.800
Fecha de diario
2024-06-10
Referencia
10387

DIARIO DE LA NADA 9.4
“La gran pregunta que nunca se ha respondido, y que aún no he podido responder, a pesar de mis treinta años de investigación sobre el alma femenina, es ¿Qué quiere una mujer?” Sigmund Freud
Jueves, treinta de mayo de dos mil veinticuatro

… Mujeres. Ya hablé ayer de ellas y su participación en la fiesta grande en cuanto a lo protocolario; sí, porque habrá habido otros escenarios de fiesta donde mujeres de otro estilo existencial se hayan vestido de otro modo y hayan hecho otras cosas y a otras horas.
No creo que unas y otras intercambien escenarios y actividades festivas, seguro que no. Ellas saben, me parece, el sitio que les corresponde a cada una.
Yo siempre he sido, también de un estilo más frívolo y hedonista, pero no por eso descuidaba mis presencias en el mundo clásico del dogma (como estas mujeres, supongo). Pero, solo de espectador-fotógrafo y disidente.
En general y a estas alturas de mi vida, no entiendo a las mujeres; en realidad no creo haberlo hecho nunca, aunque en otras épocas creí saber cómo eran y lo que las movilizaba; pero no, qué va, ahora sé que nunca lo supe.
Solo sé que las mujeres que me criaron y de las que luego me enamoré, en mi adolescencia y juventud, y a las que deseé en otros momentos, me parecen muy distintas a las que veo ahora. En este tiempo presente, todas me parecen lejanas y peligrosas. Ninguna próxima y mucho menos cariñosa. Las mujeres y yo nos extrañamos.
Menos mal que ya me da igual que no nos reconozcamos, que ya no nos queramos.
Eso sí, me siguen llamando poderosamente la atención, infinitamente más de lo que lo hacen los hombres (salvo los que son interesantes o sabios).
Por cierto, tampoco sé lo que quieren los hombres, como dijo Freud a propósito de las mujeres.
En realidad, yo no sé ni de hombres, ni de mujeres, ni de perros (a Mi Charlie, tampoco lo entiendo, solo lo quiero). No, no sé nada de nadie, ni siquiera de mí mismo…
La Fotografía: Allí estaban ellas, dispuestas a entrar en la catedral, primero a escuchar lo que tuvieran que predicar sus sacerdotes (misa) muy arregladas con la vestimenta de homenajear a su Dios con su presencia, sus devotos rezos y cánticos (eso solo lo supongo), y después desfilando por la ciudad donde caminarían pausadamente en fila mostrando a sus vecinos y conocidos, a propios y extraños, la fe que profesan, orgullosamente, quiero pensar.

Pepe Fuentes ·