DIARIO DE ENVEJECIMIENTO 75.2
“Puede que haya sido incapaz de amar a alguien en este mundo. Puede que solo me haya amado a mí mismo, que es el amor más infame y perjudicial que existe. No puedes elegir el tipo de persona que eres”. Manuel Vilas
Jueves, seis de agosto de dos mil veintiséis
… Ahora me cuesta mucho acordarme de cómo era mi vida en el momento de la fotografía de hoy (1992). Sí sé que no querría volver a aquel momento por nada del mundo. Pero, no porque me acuerde de nada desagradable en concreto, aunque sí de un cierto malestar en mi trabajo diario (mañana y tarde) por cuenta ajena (había empezado a sentir una cierta marginación), unida al vivir en dos ciudades al mismo tiempo: Madrid y Toledo.
Mi vida afectiva estaba equilibrada en aquel momento, tenía a Naty y a Gabriel viviendo conmigo en Madrid, en la calle Barco, ya no me acuerdo en qué número, pero sí que era un pequeño apartamento de tres habitaciones y dos altillos (dormitorios) en el mismo tejado del edificio (en verano faltaba el aire en el momento de dormir) y que compramos dos años antes, más o menos.
Durante la semana carecía absolutamente de tiempo para dedicarme a mis pasiones: fotografiar y leer. A veces íbamos los tres al cine, a los antiguos Alphaville, y poco más.
Tengo un ingente trabajo por delante, ahora que se acerca el final, y es intentar averiguar quién he sido con visos de verdad. Ahora me percibo como una figura evanescente y solitaria (hasta Mi Charlie ha salido de mi vida) que camina cada mañana por caminos también solitarios y polvorientos y luego se encierra en su clausura de varias habitaciones, miles de fotografías, miles de libros y miles de entradas de diario publicadas en la que he ido buscándome, pero que a pesar del ingente esfuerzo (productivo porque me ha dado aíre para seguir respirando), no me ha ofrecido la clave de bóveda de quién soy, al menos todavía no, pero es que se necesita toda una vida para explicar la propia…
La Fotografía: (1992, 39 años), con treinta años menos que en la foto de ayer. En aquellos años intentaba fotografiar en los fines de semana (como esta foto de hoy, que me hizo Naty con mi vieja Mamiya), y en los viajes que hicimos ambos, los dos solos siempre, no necesitábamos a nadie, nos bastábamos el uno con el otro. En todos viajábamos con el interés cultural y fotográfico exclusivamente (bañistas o playeros jamás lo fuimos). Trabajé poco desde 1989 a 2003, en lo que siempre me ha interesado por encima de todo, encontrarme a mí mismo ayudándome por medio de las fotografías que hacía, sigo y seguiré haciendo, hasta que la muerte nos separe.